Leyendo este artículo de Manu Fernández en la excelente web Ateneo Naider, resulta inevitable acordarse de ciertos proyectos urbanísticos que se vienen desarrollando en nuestra ciudad, arrastrada, como otras tantas ciudades de España, al denominado Efecto Guggenheim.Su referencia al artículo de Antonio Muñoz Molina publicado en El País bajo el título Milagros Ruinosos, nos lleva, a su vez, al libro Arquitectura Milagrosa, obra del crítico de arquitectura Llàtzer Moix. Leyendo ciertos párrafos, ¿a quién no se le viene a la mente Metropol Parasol, la Torre Cajasol o la momentáneamente abortada Biblioteca Universitaria del Prado?
Ahora que en la UNESCO se ha impuesto la política y el Comité de Patrimonio Mundial parece decir sí bwana a los intereses de los distintos gobiernos en detrimento de organismos asesores independientes como el ICOMOS (léase lo sucedido con la torre de la Cartuja), es un buen momento para hacerse con este libro y así comprender mejor las claves y motivaciones de la supuesta modernidad que dichos proyectos arquitectónicos atesoran...
La apertura del Museo Guggenheim diseñado por Frank Gehry obró milagros en Bilbao. Gracias a este prodigio de la arquitectura icónica, la ciudad voló de la grisura posindustrial a los brillos de la economía terciaria. Alcaldes y presidentes autonómicos de toda España vieron en el ejemplo bilbaíno la llave de su futuro. Un edificio espectacular con firma de postín -Calatrava, Hadid, Herzog & De Meuron, Foster, Eisenman...- les pareció garantía de visibilidad global, imán de turistas y estímulo para la economía local. Valencia, Zaragoza, Madrid, Barcelona o Santiago experimentaron este frenesí. Contrataron a los astros del firmamento arquitectónico internacional, descuidando la proporción entre la necesidad y el precio de las monumentales obras que les encargaron. Llàtzer Moix revisa estos años enfebrecidos y sus obras impresionantes pero, en ocasiones, insensatas. Lo hace mediante un reportaje, armado tras viajar a los escenarios de estos episodios y entrevistar a sus protagonistas, que lo confirma como una referencia en el ámbito del periodismo cultural.

Precisamente ayer llegué de Bilbao tras pasar una semana allí y la verdad, es un tema que habría que discutir largo y tendido.
ResponderSuprimirDespués de comprobar in situ el "efecto Guggenheim" sólo te puedo decir que no es cuestión de un edificio estrella sino de una forma de entender la ciudad. El Guggenheim habrá ayudado a relanzar Bilbao, pero hay tantísimos detalles en esa ciudad que simplificar y decir que todo se debe al museo es engañar a la gente. Allí ha habido una política emprendedora desde el Ayuntamiento que ha hecho de Bilbao una ciudad encantadora en todos los aspectos.
El problema es que muchos alcaldes de otras ciudades han pensado que con poner un edificio estrella en su ciudad el trabajo estaba hecho. Y nada más lejos de la realidad, por mucho edificio que pongas, si eres un negado gestionando, la ciudad no va a deslumbrar más.
El Guggenheim es un ladrillo más en una idea de ciudad, quizás el ladrillo que más llama la atención, pero no el único.
Un saludo.
Tienes toda la razón, en Bilbao lo que se produjo fue una renovación urbana programada sistemáticamente en la que el Guggenheim ha servido como aglutinante, no como proyecto milagro. Posteriormente la idea "se prostituye" y el resultado lo tenemos aquí cerquita...
ResponderSuprimirBienvenido (a pesar de todo) de nuevo a tu ciudad :)
Es cierto lo que comentáis, el 'efecto Guggenheim' no responde como tal al proyecto del que coge el nombre. Si bien en Bilbao fue un auténtico revulsivo para la ciudad, el museo estaba respaldado por un plan general de regeneración de toda la ciudad en general y de la ría en concreto. Da gusto pasear por la zona de la ría y ver como alrededor del Guggenheim han surgido paseos, tranvías, jardines, pasarelas... que ni mucho menos lo han hecho de la noche a la mañana, sino que responden a un proceso en el que todas las piezas se diseñaron para ir encajando poco a poco.
ResponderSuprimirCuando visité Bilbao sentí envidia sana por su forma de hacer y entender la ciudad, por el cuidado en los detalles y por la carga de previsión que tienen cada una de sus actuaciones.
Y como dice Sevalber, hoy se ha cogido el proyecto del Guggenheim como un modelo, un modus operandi por el que los Aytos. plantan lo que les gusta llamar hitos arquitectónicos aquí y allá. Creo que el ejemplo más flagrante está en Valencia y en su Ciudad de las Artes y de las Ciencias y su Copa de América, con espacios despersonalizados que han endeudado hasta las cejas al Ayto.
Si al final todo es más sencillo de lo que parece, se trata de hacer hoy pensando en el mañana.
Yo creo que hay que hacer matices. A veces, se quiere ser "moderno" por "ser moderno", y se es un poco cateto, pero otras veces, no.
ResponderSuprimirEl artículo de Muñoz Molina lo siento pero me pareció fácil. Nada nuevo. Calatrava ahora ya aburre, pero creo que lo que ha hecho en Valencia ha sido un revulsivo, si se quiere, psicológico.
Si siempre se hacen los mismos edificios, pienso que eso afecta incluso al ánimo, y en Sevilla lo que no necesitamos, de hecho, es ese concepto de "ciudad eterna" que se queda tal como está.
Eso, desde luego, no implica decir "sí, bwana" a todos y cada uno de los proyectos; yo no soy fan del edificio Pelli (hubiera preferido alguna locura de Hadid o Libeskind o hasta de Nouvel) pero pienso que un rascacielos puede venir a agitar un poco esta ciudad nuestra tan volcada hacia el pasado.
Además, lo de la UNESCO... Bueno, hay muchas contradicciones ahí. En Colonia están construyendo en altura ni por asomo tan lejos como está la Pelli de la Catedral, que está protegido. Y no he leído ninguna polémica.
Y basta con irse por la City londinense, para ver que hay muchas maneras de entender las ciudades.
El efecto Guggenheim será critcable, tiene sus matices, pero fue una estrategia más amplia, y que, además, aunque sea por no descubrirse como equivocados, los propios políticos han insistido en que prosiga y no se quede en nada.
Conociendo un poco más el tema del cine, es como si hoy se hicieran películas como las de los 50. El arte avanza, y el propio concepto de belleza.
ResponderSuprimirEs subjetivo, y todo el mundo podrá opinar, pero es, como decía un buen crítico de cine, como si a día de hoy uno piense que la última gran película fue Ciudadano Kane.
Fernando, respetando tus opiniones, permíteme que te recomiende la lectura de este artículo, a pesar de lo que pueda decirse en ciertos foros de cuyo nombre no quiero acordarme, estar en contra de la Torre Cajasol también es estar a favor de la modernidad, de una arquitectura participativa y a escala humana, de un desarrollo sostenible de las ciudades sin que eso suponga necesariamente caer en conservadurismos ni patrimonialismos extremos.
ResponderSuprimirAl menos son esos los conceptos que tengo en cuenta para estar en contra de ese engendro y de su lamentable ubicación. Y todo ello dejando al margen discursos estériles (o si se quiere de barra de bar) sobre el catetismo que unos le achacan a otros y viceversa.
Respecto al caso de Colonia, salió de la Lista Roja de la UNESCO al modificar los proyectos de los rascacielos.
Un saludo.
No, yo no creo en absoluto que los que vayan contra la Torre sean necesariamente "contra modernos". Lo que no sé bien es por qué los edificios en altura no pueden ser sostenibles, ni qué alternativa hay, pues, al problema de la vivienda en próximos años, o mejor, en las próximas décadas. Todo es opinable; siempre hay matices, y tranquilo que yo respeto todas las posturas.
ResponderSuprimirAparte, siento volver a darte datos que expresan lo incongruente que es la Unesco o el Icomos.
Entre la Torre de Londres, monumento protegido e incluido en la lista, y todos los rascacielos proyectados, más lo ya hechos, tampoco hay mucho más de 1 kilómetro.
En Colonia sacarían o no de la Lista Roja, pero el rascielos sigue allí: puede que variaran el proyecto, pero sigue siendo una torre de 148 metros.
¿Si la Torre Pelli fuera algo más baja, habría más consenso?
http://en.wikipedia.org/wiki/K%C3%B6lnTurm
http://maps.google.com/maps?f=d&source=s_d&saddr=Tower+of+London,+The+Tower+Of+London,+Tower+Hill,+London+EC3N+4AB,+United+Kingdom&daddr=Bury+St,+London+EC3A,+Reino+Unido&geocode=FYHyEQMdZtb-_yFjQ-BZdnzjZA%3BFXQMEgMdBsr-_ylLJX0kTQN2SDFh0QPhXA9nEQ&hl=es&mra=pd&mrcr=0&dirflg=w&sll=51.570283,-0.070154&sspn=0.225344,0.485458&ie=UTF8&t=h&z=15
En cuanto al argumento de que la clase política desoiga a ciertos movimientos ciudadanos, puede ser cierto. Es tiempo de que los ciudadanos ya no den cheques en blanco.
ResponderSuprimirAhora bien, depende de cuánta representación tiene ese movimiento concreto. Por ejemplo, a mí me da dos patadas lo que piensen los comerciantes, que siempre se estan quejando de todo. Pero respeto que se manifiesten.
Que se manifiesten, firmen manifiestos, hagan reuniones, etc, bien; que necesariamente los elegidos democráticamente les hagan caso, pues no sé.
¿Por dónde cortamos? ¿Dónde ponemos el límite? ¿Escuchamos a todas las asociaciones de vecinos y les hacemos casos, cuando, normalmente, no quieren que se haga en su barrio nada? Además, escuchar, lo que se dice escuchar, a veces escuchan.
El ejemplo son las alegaciones al Metro. Otra cosa es que hagan caso. Claro que es un tema espinoso.
¿Si uno opina algo, lo expone, lo argumenta pero no le hacen caso es que "los otros" son antidemocráticos o es que tú quieres imponer tu visión?
¿Cómo distinguir cada cosa en cada momento? No es un tema fácil, y es un problema de la democracia.
Empiezo por lo de la UNESCO:
ResponderSuprimirColonia estuvo en la Lista Roja de la UNESCO entre 2004 y 2006. Cuando la Catedral de Colonia entró en dicha lista por los planes de construcción de cuatro edificios en altura en la orilla opuesta del Rin, a unos 600 metros de la Catedral, no había ningún lugar del mundo en dicha lista por un motivo similar. La explicación está en que la UNESCO optó en esa época por una visión más global del patrimonio en la que, si se quiere, podemos decir que la tomó con los rascacielos. Sin embargo, la Torre de Colonia que citas fue terminada en 2001.
En el año 2006 la UNESCO dijo que: "La decisión de las autoridades de Colonia de reducir los planes de construcción de nuevos edificios de gran altura y una mejor gestión de los alrededores del sitio son las razones de la retirada de esta obra maestra de la arquitectura gótica alemana de la Lista en Peligro."
Posteriormente, la Torre de Londres estuvo a punto de ser incluida en la Lista Roja por la profusión de rascacielos en sus alrededores. Por ello, el edificio Minerva disminuyó sus dimensiones iniciales. De momento, Londres se salva...
De todas maneras valga esto como una somera explicación de la incongruencia que citas, no como una defensa de esta entidad, ya que si verdaderamente la UNESCO apuesta por una visión global del patrimonio, pienso que tendría sobrados motivos para meter a Sevilla en la Lista Roja aunque no existiera el rascacielos ni en el pensamiento.
¿Si la torre fuera más baja habría consenso? consenso quizás no, pero el "descenso" de su altura sí sería directamente proporcional al de la polémica suscitada.
De lo otro que comentas ya te contesto mañana.
Un saludo.
Respecto a lo otro que comentabas: ¿pueden ser sostenibles los rascacielos? pienso que sí. Aquí no se discute eso, sino la conveniencia de meter un rascacielos en la zona sur de la Isla de la Cartuja y a 500 metros del Casco Histórico, densificando un enclave ya de por sí con importantes problemas de tráfico, ¿es eso sostenible? ¿Es necesario meter ahí tropecientas plantas de oficinas cuando existen muchísimas oficinas vacías en la ciudad? ¿Es sostenible que Cajasol se gaste el dinero en tamaño dislate en vez de apoyar a la pequeña y mediana empresa, a los autónomos y a los emprendedores?
ResponderSuprimirEstamos discutiendo la oportunidad de un rascacielos en un lugar determinado de la ciudad, por patrimonio, por movilidad, por economía, por su valor social. Porque a menudo se confunde la oposición a esa torre en ese lugar con la oposición a los rascacielos en general, empobreciendo el debate y llevándolo al terreno de la dicotomía tradición vs. modernidad.
Saludos.
Bien, puede que el debate sea, pues, más amplio y más complejo. Hombre, que Cajasol se gaste el dinero en la torre es de esas cosas sobre las que uno puede opinar, pero no sé hasta qué punto una entidad así responde al ciudadano o a un gobierno concreto. Y ahí pregunto: ¿el PGOU no contemplaba ese espacio para este tipo de construcciones? ¿Se ha variado después? Porque ahí sí tendría algo que decir el Ayuntamiento.
ResponderSuprimirPor otra parte, yo pensaba que ahí iban oficinas de Cajasol; ignoraba que hubiera más.
Y en cuanto a lo de la UNESCO, lo de Londres es un cachondeo: como te decía, se planean varios edificios altísimos (mucho más que la Pelli) a apenas un kilómetro. Otra cosa es que los políticos hayan hecho promesas.
Y ya que hablamos...
ResponderSuprimir¿No hay opciones, soluciones al problema de tráfico? ¿No la tienen contemplada? Porque visto así, y aceptando que tu argumento tiene sentido y razón, entonces me temo que finalmente sí que es insostenible la construcción de rascacielos.
Aunque me pregunto yo ¿cómo hacen, entonces, en Nueva York?
El PGOU no dice nada de rascacielos, antes al contrario aboga por evitar "artefactos desmesurados y ficticios" (sic), remitiéndose a un Estudio de Detalle posterior para determinar el número de plantas en caso de que las alturas no se especifiquen en los planos, estrategia oscurantista para colocar cualquier cosa, incluso un rascacielos...
ResponderSuprimir¿Soluciones de movilidad? supuestamente el metro (cuando llegue), el cercanías (cuando llegue), el autobús, la bici, a pata... Estamos hablando de una zona ya colapsada que necesitaría soluciones aunque no se construyera el rascacielos, así que imagínate el pitote...
Si te quieres empapar de estos temas te recomiendo el Libro Negro de la Torre Cajasol, elaborado por expertos que han desnudado todas las irregularidades de este proyecto.
Como te decía antes, los edificios en altura, por sí mismos, no tienen por qué ser insostenibles, el problema es ubicarlos en lugares inapropiados donde más que ser una solución se convierten en un problema.
De todas formas no me esperes en un edificio de estos por encima de la segunda planta... :P
Con permiso, tercio porque el tema me interesa, como bien sabe el amigo Sevalber. El PGOU nunca ha podido contemplar ese espacio porque edificios de esa altura, en principio, no están previstos en las ordenanzas. Otra cosa son las modificaciones puntuales del mismo, como las que pretenden ofrecer a las empresas que se instalen en la misma Cartuja o la de los Jardines de la Calzada, que hasta hace poco aparecían en su totalidad en la misma página del Ayuntamiento, incluso la parte que están ahora pilotando.
ResponderSuprimirRespecto al tema de la movilidad, considero evidente que si ahora mismo hay problemas de tráfico, al aumentar la gente que acuda al lugar el aumento de esos problemas será exponencial. Las alternativas, supongo, serán las mismas que se dieron a los aparcamientos cuando el carril bici, es decir, un glosario de propuestas y buenas intenciones. Por eso considero el lugar y la torre "inoportunos", por decirlo bien, jeje.
Saludos.